Por: Eduard González Bautista
Hablar de sexualidad siempre ha sido un tabú, y más aún cuando se trata de placer y orgasmos. Pero si nos atrevemos a hablar de la sexualidad, el placer y los orgasmos de las mujeres con discapacidad, pareciera que entramos en un terreno prohibido, casi imposible de abordar.
Se sigue creyendo que una mujer con discapacidad no puede—o peor aún, no debería—tener vida sexual. Que no puede tener orientación sexual, identidad de género y, mucho menos, deseos, fantasías, excitación, pareja, relaciones íntimas ni placer. Este pensamiento está ligado a la infantilización de la discapacidad, ese fenómeno en el que a las mujeres con discapacidad se les trata como si fueran niñas, sin capacidad de decidir sobre sus cuerpos, su sexualidad o su vida, vulnerando por completo su autonomía y sus derechos humanos.
Pero, como diría Wendy Guevara, ese es un pensamiento vieeeeejo e inservible. Porque, ante todo, las mujeres con discapacidad siguen siendo mujeres. Adultas con el derecho y la libertad de tomar sus propias decisiones sobre su cuerpo, su vida y su placer.
El verdadero problema surge cuando la sexualidad deja de ser un derecho accesible para ellas. Hay muchas barreras: desde la falta de educación sexual adecuada, la ausencia de atención diferencial en salud sexual y reproductiva, y las dificultades para socializar y encontrar pareja, hasta cuestiones más complejas como la autoexploración y el reconocimiento del propio cuerpo.
Y aquí es donde muchos se preguntan: ¿es realmente posible para una mujer con discapacidad acceder a su placer? ¡Claro que sí! El problema es que, cuando se habla de masturbación y orgasmos femeninos, rara vez se toma en cuenta a aquellas mujeres con poca o nula movilidad. Esas mujeres que, debido a su condición, no pueden autoexplorarse ni siquiera mirarse desnudas frente a un espejo, lo que les impide descubrir sus zonas erógenas y, en muchos casos, disfrutar de su propio deseo. Pero que no puedan explorarse por sí mismas no significa que no sean capaces de sentir placer.
Primero, es fundamental entender qué es un orgasmo: es una respuesta placentera ante la estimulación de zonas erógenas cuando alcanzan su punto máximo de excitación. Y no, no se reduce solo a la estimulación genital (vulva, vagina, clítoris). Muchas mujeres pueden alcanzar un orgasmo estimulando otras zonas sensibles como los pezones, el cuello, las orejas o incluso los pies. Por eso, la autoexploración (cuando es posible) y el conocimiento del propio cuerpo son clave para disfrutar plenamente de la sexualidad.
Pero más allá del autoconocimiento, hay algo aún más importante: deshacerse de la idea de que una mujer con discapacidad no puede tener fantasías sexuales. Al contrario, el deseo es natural y necesario. Fantasear es un derecho, y explorarlo sin culpa es parte del disfrute de la sexualidad.
Afortunadamente, hoy existen muchas herramientas para hacer el placer más accesible. Los juguetes sexuales, por ejemplo, que para algunas personas pueden ser solo una forma de diversión, para muchas mujeres con discapacidad representan una verdadera oportunidad de vivir su sexualidad con plenitud.
Los vibradores a control remoto son una excelente opción para mujeres con movilidad reducida. Una vez colocados, pueden ser manejados con un control que se acciona con los dedos, la boca o incluso aplicaciones móviles. Pero aquí surge una pregunta incómoda: ¿y si la persona no puede colocárselo sola? En ese caso, la asistencia de una pareja, una persona de confianza o incluso un asistente sexual puede ser la solución. Sin embargo, debido al tabú que aún existe sobre el placer sexual, muchas mujeres sienten vergüenza de solicitar este tipo de apoyo. ¡Nada de pena, chica! No hay absolutamente nada de qué avergonzarse.
Otra opción muy útil son las pantaletas vibradoras, ideales para quienes no tienen movilidad en las extremidades superiores. Sumado a esto, una simple almohada en la que se pueda rozar la pelvis puede marcar una gran diferencia.
Y para aquellas que tienen pareja, los arneses y algunos tipos de amarres de bondage pueden ayudar a mantener ciertas posturas, facilitando el acceso sin complicaciones. Eso sí, siempre hay que asegurarse de que los amarres no lastimen la piel ni queden demasiado ajustados.
En definitiva, hay muchas formas de hacer que la sexualidad sea accesible para todas. Porque el derecho al placer es universal. Y mientras todo sea consensuado y sobre el propio cuerpo, no hay límites para explorar y disfrutar.
Todas las mujeres, incluidas aquellas con discapacidad, merecen experimentar el orgasmo. Así que, fuera prejuicios, despierta tu imaginación, escucha tu deseo y no dejes que nadie—ni siquiera la discapacidad—te lo impida.














































