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La crisis con EE. UU. es real: La carta de “disculpas” de Petro a Trump

Cuando la diplomacia no escucha, la crisis se impone.
Cuando la diplomacia no escucha, la crisis se impone.

Por Editorial Macondo Noticias

El gobierno de Gustavo Petro ha cruzado una línea peligrosa en su relación con Estados Unidos, y la tensión diplomática que hoy enfrentamos ya no es un simple rifirrafe mediático: es una crisis bilateral con consecuencias reales. El llamado a consultas del Encargado de Negocios interino de la Embajada de EE. UU. en Colombia por parte del Departamento de Estado confirma lo que desde hace semanas se advertía: Washington ha perdido la paciencia con Bogotá.

Las declaraciones del presidente Petro, que en un momento de euforia política insinuó la participación de congresistas estadounidenses en un supuesto golpe de Estado en su contra, no solo fueron temerarias, sino que han puesto en tela de juicio la estabilidad institucional de Colombia. El gobierno norteamericano, con claridad y firmeza, calificó tales afirmaciones como “infundadas y reprochables”. No se trata de un malentendido diplomático, se trata de una pérdida de confianza.

Para intentar contener el incendio, Petro envió una carta a su homólogo Donald Trump el pasado 23 de junio —filtrada apenas hace algunas horas— en la que reconoce que sus palabras “pudieron haber sido percibidas como innecesariamente duras” y que no tenía la intención de “cuestionar sin fundamentos el papel de los Estados Unidos”. En ese mismo texto, el mandatario colombiano insiste en la narrativa de la “retórica violenta” como una forma de desviar la atención sobre el atentado contra el senador Miguel Uribe, del que se ha desmarcado con vehemencia.

Pero las disculpas, aunque necesarias, llegan tarde y mal. Porque mientras Petro pide diálogo, sus funcionarios agitan discursos incendiarios, y su administración continúa alimentando teorías conspirativas sin prueba alguna. ¿Qué clase de política exterior es esta que se construye desde el resentimiento y la desconfianza?

En Washington no se improvisa. Y lo que se ve venir no es otra carta ni otro gesto diplomático, sino un enfriamiento prolongado en las relaciones con la potencia con la que compartimos historia, comercio, seguridad y cooperación.

Colombia necesita una política exterior seria, responsable y coherente. No podemos seguir en la montaña rusa de declaraciones contradictorias, ataques sin pruebas y rectificaciones a medias. La relación con Estados Unidos no es un capricho ideológico, es una necesidad estratégica para nuestro presente y futuro.

Si esta crisis sigue escalando, será el pueblo colombiano el que pague las consecuencias. Porque cuando las embajadas se vacían, los mercados tiemblan, la inversión se frena y la diplomacia deja de ser un puente para convertirse en un muro.