Inicio Opinión Cuando la Justicia Toca el Poder: Un Sueño para Muchos, un Temor...

Cuando la Justicia Toca el Poder: Un Sueño para Muchos, un Temor para Otros

Por: William Felipe Angulo Bechara

La seguridad jurídica y el respeto por las decisiones judiciales son pilares esenciales de un Estado Social de Derecho como el colombiano. El pasado 28 de julio, el país fue testigo de un hecho sin precedentes: por primera vez en nuestra historia republicana, un expresidente, Álvaro Uribe Vélez, fue hallado culpable —en sentido del fallo— por los delitos de fraude procesal, soborno y soborno a servidor público. Este pronunciamiento no solo representa un punto de inflexión jurídico, sino también político y cultural para nuestra democracia.

Como abogado y ciudadano, entiendo que las emociones en torno a este proceso son intensas. Pero más allá del fervor político, es necesario insistir en la importancia de la independencia judicial y el respeto por las instituciones. La jueza Sandra Heredia, quien asumió la responsabilidad de fallar en primera instancia, ha solicitado protección por amenazas, lo que refleja una preocupante fragilidad en el ejercicio de la judicatura en tiempos de polarización.

Este fallo, histórico por su naturaleza, no marca un punto final, sino el inicio de un camino procesal que puede incluir apelaciones ante instancias superiores. La justicia está diseñada para ser garantista, no vengativa, y otorga a todas las partes mecanismos para impugnar o defender lo decidido.

El caso de Uribe también visibiliza otro fenómeno: la creciente influencia de los medios de comunicación y redes sociales en los procesos judiciales. Aunque el interés ciudadano por el funcionamiento de la justicia es saludable, el juicio paralelo mediático puede distorsionar los hechos, politizar las decisiones y erosionar la legitimidad institucional. Por ello, es fundamental que los medios ejerzan su labor con ética, responsabilidad y compromiso con la verdad.

La condena de un expresidente es un hecho jurídicamente trascendental. Refleja que, en teoría, nadie está por encima de la ley. Para algunos, este fallo reivindica la promesa de igualdad ante la justicia; para otros, es símbolo de persecución. Lo cierto es que estamos frente a una prueba de fuego para el sistema judicial, cuya fortaleza dependerá no solo de sus decisiones, sino también de la confianza que logre mantener en la ciudadanía.

No debemos perder de vista que la palabra “culpable” en derecho penal se refiere a una verdad jurídica, derivada del análisis probatorio, y no necesariamente a una verdad absoluta. De ahí la importancia de respetar los mecanismos procesales establecidos para confirmar, modificar o revocar lo decidido.

La justicia colombiana está escribiendo una página crucial. En ella, no puede haber espacio para la intimidación, la desinformación ni la presión ideológica. El país necesita más que nunca instituciones firmes, jueces valientes y una ciudadanía crítica, pero respetuosa. Solo así podrá consolidarse una verdadera cultura de legalidad.